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  RESPUESTA SEXUAL FEMENINA

Fase de deseo
Fase de excitación
Fase de meseta
¿Donde está el punto G y cuáles son los músculos del amor?
 



Fase orgásmica
¿Sólo la mujer puede lograr múltiples orgasmos?
¿Existe un orgasmo vaginal y un orgasmo clitórico?
Fase resolutiva
¿Quieres conocer tu sexualidad y que tu pareja la conozca?

 
 


FASE DE DESEO

 

A pesar que la testosterona es la hormona de la sexualidad y se supone que es la hormona masculina, la mujer también la produce en cantidades menores en sus ovarios y glándulas suprarrenales. Las otras hormonas y neurotransmisores responsables de la respuesta sexual son similares para ambos sexos; por tanto, la respuesta sexual de la mujer es similar a la del hombre

La sexualidad de la mujer es muy diferente a la de hombre, mucho de esto debido a factores culturales, pero también existen una serie de eventos en la vida de la mujer que influyen en su sexualidad. Después de la primera regla comienza lo que algunas madres definen como “mi hija tiene las hormonas alborotadas”. En este período muchas mujeres reprimen su sexualidad por factores culturales, contrarios a los del hombre donde se incita a la realización del acto sexual. Este control sobre la sexualidad de la mujer puede tener efectos negativos en el futuro.  

Durante el embarazo existe disminución del deseo en el primer trimestre, relacionado al malestar ocasionado por los síntomas comunes de este período o al miedo que la relación pueda provocar un aborto. En el segundo trimestre, el deseo puede ser normal e inclusive estar aumentado porque los síntomas del primer trimestre suelen desaparecer y se comienzan ha sentir los movimientos fetales, lo que le da seguridad que el bebé esta bien.

Durante el tercer trimestre, suele haber disminución del deseo porque comienzan a aparecer síntomas mecánicos relacionados al aumento del tamaño del útero y los cambios físicos que sufre el cuerpo la hacen sentir menos atractiva. En el puerperio, es cuando el deseo llega a su mínima expresión porque el recién nacido ocupa la mayor parte del tiempo de la mujer, a lo cual se suma el agotamiento y el trasnocho producido por sus demandas.

 

 

 

En la menopausia cesa la producción hormonal de los ovarios que en la etapa reproductiva producen estrógenos, progesterona y testosterona. Las adrenales siguen produciendo testosterona, pero no compensa lo que deja de producir el ovario, con la consecuente disminución de la sexualidad. Los estrógenos no intervienen en el deseo sexual, pero si protegen a los genitales de los cambios degenerativos que dificultan el disfrute de la relación sexual. Estos cambios incluyen resequedad vaginal, atrofia de la mucosa lo que la hace más sensible al roce y, en etapas más avanzadas de la menopausia, estrechez del canal vaginal.

La administración de estrógenos puede mejorar los cambios genitales pero no mejoran el deseo. La administración de testosterona, en teoría, debiera mejorar el deseo, sin embargo, hasta la fecha no se ha logrado determinar la dosis, vía de administración y tipo de testosterona que se debe administrar para mejorar la disminución de la libido de la menopausia.

 

 

FASE DE EXCITACIÓN

 

La excitación es consecuencia de la estimulación sexual que puede ser física, psicológica o una combinación de ambas. Las respuestas sexuales, se asemejan a otros procesos fisiológicos en la medida que se pueden desencadenar no sólo mediante contacto físico directo, sino a través del olfato, la vista, el pensamiento o las emociones.

Cambios en los genitales femeninos en la fase de excitación

 

La primera señal de excitación sexual en la mujer es la aparición de una lubricación vaginal que se inicia de 10 a 30 segundos después del principio de la estimulación sexual. Esta lubricación, es producida por el aumento de flujo hacia las paredes de la vagina, que provoca la percolación de un fluido a través de las paredes de la vagina, en un proceso llamado “trasudación”.

La secreción se presenta en forma de pequeñas gotas aisladas, que fluyen en sucesión y que acaban por humedecer toda la superficie interna de la vagina. En la fase inicial de la excitación sexual, la cantidad de fluido es a veces tan escasa que ni la mujer ni su compañero lo notan. Sin embargo, la densidad, cantidad y olor varían mucho de una mujer a otra y, en una misma mujer, de un momento a otro.

La lubricación facilita la penetración del pene y la suavidad del movimiento de empuje, a la vez que impide que la mujer sienta incomodidad o molestias durante el coito. A medida que continúa la excitación, ocurre la dilatación y el alargamiento de la vagina, fundamentalmente, en los dos tercios internos del conducto. La superficie, que normalmente es arrugada, se alisa y la mucosa se adelgaza con la expansión.

El alargamiento vaginal es de tal magnitud que aumenta un 25% más, en relación con las dimensiones que tenía antes de la estimulación. La mayoría de las personas desconoce estos cambios porque no son visibles, a diferencia de los cambios que ocurren en el pene. Lo cierto, es que son indispensables para el coito y cuando no ocurren suele haber dolor en el momento de la penetración.

Cambios vaginales durante la fase de excitación

 

La vulva adquiere un color púrpura intenso, conforme continúa la excitación y los labios se separan. Este cambio, asociado a la lubricación y dilatación vaginal, son los que favorecen la penetración y que el acto sexual no sea desagradable.

El incremento del flujo de sangre hacia los tejidos provoca un aumento en el tamaño de la vulva, que puede llegar al doble o triple de su tamaño original, si la estimulación persiste por un período prolongado, durante esta fase y la siguiente.

Cambios en las mamas en fase de excitación

 

A medida que progresa la fase de excitación y de meseta, el útero se eleva y se dirige hacia adelante, produciendo un “efecto de cúpula” en los dos tercios internos de la vagina. El clítoris crece, aunque la tumefacción puede no ser observada a simple vista, y continúa aumentando durante todas las fases del ciclo sexual. La estimulación directa del clítoris produce un crecimiento más rápido y pronunciado, que la estimulación indirecta mediante fantasías, manipulación de las mamas, etc.

En una mujer embarazada que no ha parido, los labios mayores se adelgazan, se aplanan y se elevan ligeramente hacia arriba y afuera, retirándose de la apertura vaginal. En la que ha parido, los labios mayores se congestionan con sangre y aumentan al doble o triple de su tamaño normal. Los labios menores también aumentan de tamaño al doble o triple de su espesor normal. Al final de esta fase, unas glándulas que se encuentran en la vulva, llamadas glándulas de Bartholino producen una secreción escasa. Contrario a la creencia, estas glándulas no son las responsables de la lubricación vaginal, sólo ayudan en la lubricación de la vulva si la fase de meseta es prolongada.

A medida que la tensión sexual aumenta, los pezones se tornan rígidos como consecuencia de las contracciones de pequeñas fibras musculares. La sangre venosa es atrapada en las glándulas mamarias, lo que ocasiona un aumento de tamaño, de aproximadamente un 25%, al final de esta fase. Las areolas se distienden en forma considerable y las venas de las mamas se vuelven visibles, formando el llamado “árbol vascular”.

La miotonía, que es la tensión de los músculos voluntarios y algunas veces de los involuntarios, comienza y aumenta durante esta fase, lo que proporciona una clara evidencia de que la respuesta sexual de la mujer no está limitada a la región pélvica. A medida que la tensión crece, sus movimientos se vuelven más inquietos, potentes y rápidos. Durante esta fase y las subsiguientes, aumenta la tensión voluntaria de los músculos de las nalgas y del ano. La presión arterial y la frecuencia cardiaca aumentan a medida que aumenta la excitación.

 En la mujer embarazada existen algunas diferencias en los cambios que ocurren durante la fase de excitación. La lubricación vaginal aumenta en cantidad y consistencia durante todo el embarazo, sobretodo en las multíparas, porque el embarazo se acompaña de un aumento de las secreciones vaginales. El fenómeno de elongación vaginal se va perdiendo a medida que el útero crece, esto se debe al efecto de gravedad ejercido por el útero sobre el canal vaginal.

En las primerizas, no se observan cambios en los labios mayores en el primer trimestre del embarazo, mientras que en las multíparas, aumentan de tamaño y adquieren un aspecto edematoso. Debido al aumento de la congestión vascular, el aplanamiento de los labios mayores está ausente durante el segundo y tercer trimestre, tanto en primerizas como en multíparas. En cuanto a los labios menores, su protrusión es mayor en el primer y segundo trimestre, en comparación con el tercer trimestre.

La congestión vascular mamaria se hace muy marcada durante el primer trimestre del embarazo, lo que aumenta más aún el tamaño de las mamas provocando sensación de dolor. Estos cambios no ocurren en el segundo y tercer trimestre del embarazo, por lo que el dolor desaparece. En las multíparas estos cambios mamarios son menos manifiestos que en la primeriza.

 

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