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  RESPUESTA SEXUAL FEMENINA

Fase de deseo
Fase de excitación
Fase de meseta
¿Donde está el punto G y cuáles son los músculos del amor?
 



Fase orgásmica
¿Sólo la mujer puede lograr múltiples orgasmos?
¿Existe un orgasmo vaginal y un orgasmo clitórico?
Fase resolutiva
¿Quieres conocer tu sexualidad y que tu pareja la conozca?

 
 


FASE DE MESETA

 

En la fase de excitación, se produce un aumento de la tensión sexual por encima del nivel basal o línea de arranque. En la fase de meseta, se mantienen e intensifican los niveles de excitación sexual, que en principio preparan el terreno para el orgasmo. La duración de la fase de meseta varía mucho de un individuo a otro.

Para los hombres que tienen dificultad en controlar su eyaculación, esta fase es extraordinariamente breve. En el caso de algunas mujeres, una fase de meseta breve puede preceder a un orgasmo de gran intensidad. En cambio, en otros individuos, una fase de meseta larga y pausada produce una exaltación erótica e íntima, que constituye de por sí, un final satisfactorio.

Cambios en los genitales femeninos durante la fase de meseta

La vagina se llena con sangre venosa en una forma tan intensa, que el diámetro del tercio externo se reduce en un 33%. El músculo pubococcigeo, también llamado el “músculo del amor”, se contrae con el orgasmo que se aproxima, lo que provoca compresión del pene. Esta congestión de los labios menores y del tercio externo de la vagina, recibe el nombre de “plataforma orgásmica”.

Una de las razones por las que el largo del pene no es un factor importante en la estimulación femenina, se debe a que la plataforma orgásmica atenaza el pene al llegar a la fase final de la meseta, y las sensaciones sexuales ocurren en el tercio externo y no en el fondo de la vagina. Por el contrario, el golpe de un pene largo sobre el fondo de la vagina, puede ocasionar una sensación dolorosa que no es placentera, sobre todo, si la mujer no está bien excitada.

El útero se eleva al máximo, lo que ocasiona un aumento de tamaño de la cúpula vaginal. Los cambios en los labios mayores y menores, que ocurren en la fase de excitación, se intensifican. La coloración de los labios menores en las primerizas progresa de un color rosa cenizo al rosa brillante y, finalmente, a una tonalidad escarlata.

Los labios menores de las multíparas, pueden adquirir inclusive un color vino tinto oscuro. La intensidad del cambio de color, en ambas circunstancias, está directamente relacionada con el grado de excitación sexual y son más evidentes en las personas de piel blanca. También son más notorios durante la gestación, por el incremento del flujo sanguíneo que ocurre durante el embarazo.

Durante la fase de meseta, los dos tercios internos de la vagina se expanden un poco más, al tiempo que el útero se eleva, en el marco de un proceso que se conoce como efecto en “tienda de campaña”. Con frecuencia, durante esta fase disminuye la lubricación vaginal en relación con el volumen que se produce durante la fase de excitación, sobre todo si la fase de meseta es larga.

Durante la fase de meseta, el clítoris muestra una respuesta singular al estímulo sexual que es similar en todas las mujeres; se retrae de su posición colgante y se esconde dentro de su capuchón. Al final de la fase de meseta, poco antes del orgasmo, la retracción es tan pronunciada, que el clítoris reduce su longitud en un 50%.

 

Cambios en las mamas en fase de meseta y orgasmo

Este cambio junto con la vasoconstricción en los labios, oculta el clítoris, que en esta fase es muy sensible, y lo protegen del contacto directo que, usualmente, es desagradable.

Durante esta fase, las mamas y las areolas se expanden al máximo, al punto que la erección inicial del pezón queda bastante disimulada, sobre todo en las mujeres que nunca han dado lactancia. El agrandamiento de las mamas es muy apreciable, con un promedio del 20% al 25% del tamaño mamario inicial. En el caso de las mujeres que han dado lactancia, el aumento es menor o no ocurre, en razón del mayor desarrollo del drenaje venoso. Este fenómeno no reduce las sensaciones eróticas en las mamas. 

Al final de la fase de excitación o bien al principio de la meseta, se produce un cambio cutáneo que provoca la aparición de manchas rojizas semejantes a las del sarampión. Ocurren en 50% a 75% de las mujeres y, aproximadamente, en 25% a 100% de los hombres. Este “rubor sexual” suele comenzar debajo del esternón, en la zona superior del abdomen, y se extiende rápidamente por las mamas y la parte delantera del pecho. Puede aparecer en otras zonas del cuerpo como el cuello, las nalgas, la espalda, los brazos, las piernas y el rostro. El rubor sexual es producto de las alteraciones en el ritmo del flujo sanguíneo, justo por debajo de la superficie de la piel.

La tensión muscular ocurre desde la cabeza hasta los dedos de los pies. Una mujer con frecuencia reacciona con gestos, fosas nasales dilatadas y tensión notoria en las comisuras labiales. Los músculos del cuello se ponen rígidos y sobresalen, especialmente, con la proximidad del orgasmo. La espalda se arquea y los músculos de los muslos se ponen muy tensos. En la misma fase se observan contracciones espásticas de los músculos de las manos y de los pies y adquieren la forma de garra.

La frecuencia cardiaca puede llegar a 175 latidos/minuto. La cifra de presión sistólica puede ascender entre 20 y 60 mmHg sobre el valor normal y la diastólica entre 10 y 20 mm Hg. El aumento de la frecuencia respiratoria, en la forma de una respiración entrecortada, es notoria desde el principio de esta fase.

En la mujer embarazada, se pueden encontrar algunos cambios en la plataforma orgásmica durante el primer y segundo trimestre, que son más evidentes en multíparas que en primerizas. En el tercer trimestre, este fenómeno es difícil de observar debido al edema del tercio externo de la vagina. En esta fase, los labios mayores y menores, tanto en las y primerizas como en las multíparas, no presentan cambios en la coloración de la piel durante todo el embarazo. La elevación uterina hacia arriba y atrás, que observa en esta fase en la mujer no embarazada, se pierde debido al aumento del tamaño del útero y a su ubicación en el abdomen.

 

 

¿DÓNDE ESTA EL PUNTO G Y CUÁLES SON LOS MÚSCULOS DEL AMOR?

 

Actualmente se reconoce que existen subjetivamente dos tipos de orgasmo: el clitórico y el vaginal, pero que fisiológicamente sólo existe un tipo de respuesta, lo que varía es la forma de lograrla. Sin duda, están los que consideran difícil lograr el orgasmo coital sin que, de cierta manera, no exista una estimulación del clítoris o de la zona que lo rodea. Otra teoría, que ha tomado mucho auge en los últimos tiempos, considera que la estimulación vaginal, por si sola, puede llevar al orgasmo gracias a la presencia del llamado punto G.

El punto G fue descrito, en 1950, por el médico Ernst Grafenberg, quien afirmaba lo siguiente: “Se puede demostrar en todos los casos la existencia de una zona erógena en la pared anterior de la vagina, a lo largo del curso de la uretra….durante el estímulo sexual, la uretra femenina empieza a dilatarse y puede percibirse fácilmente…….a veces, la producción de fluidos es tan grande, que ha de extenderse una toalla bajo la mujer….esta convulsiva emisión de fluidos se produce siempre en la cumbre del orgasmo y simultáneamente con el….”

Esta teoría fue retomada por tres investigadores americanos, quienes llamaron a esta región el punto G, en honor a Grafenberg. Tras explorar a cientos de mujeres llegaron a la siguiente conclusión.

  • Existe en el interior de la vagina un lugar extremadamente sensible a la presión. Dicho lugar se encuentra en la pared anterior de la vagina, detrás del hueso púbico, a unos 3 cm de la abertura de la vulva.
  • Cuando este punto se estimula adecuadamente, da lugar al orgasmo en muchas mujeres.
  • En el momento del orgasmo, algunas mujeres eyaculan a través de la uretra un líquido químicamente similar al de la eyaculación masculina, pero que no contiene esperma.
  • En la creencia de que se están orinando, muchas mujeres se sienten cohibidas y es una de las razones por las que muchas han aprendido a reprimir el orgasmo.
  • La fuerza del músculo pubococcigeo de una mujer, está directamente relacionada con su capacidad de ocasionar el orgasmo, a través del acto sexual.

 

 

Situación del punto G

Aunque estas conclusiones vienen reforzadas por muchas descripciones, hasta la fecha resulta imposible responder las siguientes interrogantes: ¿que porcentaje de mujeres tienen un punto G?, ¿cuantas son capaces de lograr esta emisión de fluidos? y ¿con qué frecuencia y bajo que condiciones lo logran?. Tampoco se ha aclarado que papel juega el músculo pubococcigeo en la consecución del orgasmo.

Si bien está claro la existencia, en algunas mujeres, de una zona muy sensible en la región descrita y el hecho que, ocasionalmente, se produzca una “eyaculación” que coincide con el orgasmo, también es cierto que muchas otras mujeres no han tenido esta experiencia. También muchas pueden tener salida de orina en pequeñas cantidades, que confunden con eyaculación.

Se debe evitar que el punto G y la eyaculación femenina se conviertan en una nueva fuente de preocupación para las mujeres y sus parejas. Numerosas mujeres que disfrutaban su sexualidad, en base a la estimulación del clítoris, han dejado de hacerlo para empeñarse en la búsqueda del punto G y la eyaculación. Es comprensible que la mayoría intente alcanzar el placer del que cree que otros gozan, pero sería una lástima que, por sentirse incapaz de conseguirlo, se devalúe la propia capacidad de placer que ya poseía.

 

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